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| Los cinco Pandavas y la Reina Kunti |
Así fue que Duryodhana, como buen político que era, engañó hábilmente a los Pandavas en una partida de dados y los privó de su reino y libertad, obligándolos a vivir trece años en el exilio. Cuando los Pandavas retornaron y solicitaron su reino a Duryodhana, éste se rehusó enérgicamente a entregárselos. Los Pandavas, quienes estaban comprometidos en su calidad de príncipes a servir en la administración pública; además, no tenían la menor intención de pelear contra sus primos y hermanos; decidieron reducir sus demandas a sólo cinco provincias. Cuando esta miserable petición también les fue denegada, Arjuna y sus hermanos se vieron obligados a recurrir a las armas. Entonces se preparó lo que iba a ser verdaderamente la primera gran guerra desvastadora del mundo; pues se reunieron todos los grandes guerreros de la tierra apoyando a uno y otro bando. No obstante, aún en aras de evitar esta gran guerra, Yudhistira envió a Krishna como mensajero para proponerle a Duryodhana una tregua, como gesto final y amistoso; pero Duryodhana, nunca accedió a ninguna negociación pacífica; muy por el contrario, se mantuvo obstinado y determinado a regir el mundo a su manera.
Mientras los Pandavas, hombres de los más elevados principios religiosos y morales reconocían a Krishna como el mismo Señor Supremo, los impíos hijos de Dhritarastra lo negaban. Sin embargo, Krishna se ofreció a participar en la guerra de acuerdo con los deseos de los antagonistas; pues como Dios que era, Él no se haría cargo personalmente del asunto; muy por el contrario, quien lo deseara podría escoger entre aprovecharse de Su ejército o tener a Krishna mismo como su ayudante y consejero. Duryodhana optó por aprovecharse del ejército de Krishna, mientras que Yudhistira estuvo ansioso de tener a Krishna mismo de su lado. Así, Krishna se convirtió en el auriga de Arjuna, asumió el cargo de conducir la cuadriga del legendario arquero. Y tal como lo relata El Mahabharata, en el momento en que los ejércitos en pugna se encuentran en formación, dispuestos para la primera gran batalla de la Gran Guerra de Kurukshetra, es que comienza El Bhagava-gita, el dulce canto del Señor, tal como una Ópera Divina.

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